La comida estaba absolutamente deliciosa. Cada parada parecía cuidadosamente elegida, y realmente se notaba que al anfitrión le importa la calidad. Probamos una variedad de especialidades locales, y disfruté de que hubiera una mezcla de sabores y texturas, desde bocados salados hasta dulces, y todo sabía fresco. Una de mis partes favoritas fue que no solo estábamos comiendo; estábamos aprendiendo. El anfitrión explicó los ingredientes y las tradiciones de una manera fácil de entender y genuinamente interesante, incluso para alguien que no es un experto en cocina.
Lo que más disfruté fue el ambiente del grupo y la energía del anfitrión. El anfitrión era amable, atento y muy bien informado, y también se aseguraba de que todos estuvieran incluidos. Parecía que pasabas tiempo con un amigo en lugar de seguir un tour guionizado. También aprecié los pequeños detalles: comprobar si estábamos cómodos, asegurarnos de que tuviéramos tiempo para tomar fotos, responder preguntas con paciencia y compartir recomendaciones personales de restaurantes y lugares.