Fue una de esas experiencias que me recuerdan lo poderosa que puede ser una verdadera conexión con la naturaleza. Desde el momento en que nos adentramos en el sendero, todo se ralentizó. Esto no fue tanto un «tour» como una invitación a algo especial.
La cascada en sí era bonita. La bruma fría y la brisa que generaba eran refrescantes. Evitamos las multitudes llegando temprano y eso marcó una gran diferencia, porque es un espacio pequeño.
Sin embargo, lo que realmente hizo que esta experiencia destacara fue que fuimos un grupo pequeño. No me canso de decirlo. Si te estás planteando reservar algo así, elige la opción para el grupo más pequeño que puedas. Cambia por completo el ambiente. No hay prisas, no hay ruido, no tienes la sensación de que te estén llevando de un punto A a un punto B. En cambio, tienes espacio para asimilarlo todo, hacer preguntas, conectar con tu guía y realmente sentirte a gusto en el lugar.