A principios de 2020, el repentino brote de la COVID-19 trastocó mis planes. Por casualidad, empecé a aprender la ceremonia del té. Gracias a esas clases, llegué a apreciar el profundo encanto de la ceremonia. Me aportó una sensación de calma, me ayudó a superar el miedo que me producía la incertidumbre y me dio fuerzas para seguir adelante en los momentos difíciles.