Si estás visitando Cartagena y quieres algo divertido, memorable y un poco diferente, esta experiencia de pintar y beber dentro de la Ciudad Amurallada vale la pena. Nuestro anfitrión e instructor fueron fantásticos: súper amables, pacientes y nos hicieron sentir relajados, incluso si no eres naturalmente artístico.
Nos dieron la bienvenida con nuestra elección de cóctel o bebida (excelentes bebidas, por cierto), e incluso nos trajeron un aperitivo. Fuimos con las patatas fritas y su salsa picante, y dio en el clavo mientras pintábamos.
¿La mejor parte? Podemos quedarnos con nuestros cuadros al final. Es un recuerdo chulo que realmente se siente personal y vinculado a la noche.
Es la mezcla perfecta de creatividad, buen ambiente y encanto de Cartagena. Recomendaría esto a cualquiera que esté buscando una velada única: parejas, amigos o incluso viajeros solos. Saldrás sonriendo con una bebida y una obra de arte en la mano.