Volvimos para un taller de vitrales y a nuestro hijo de 7 años le encantó.
Se mantuvo completamente comprometido de principio a fin y estaba increíblemente orgulloso de lo que creó con sus propias manos. El ambiente era cálido y acogedor, y las instrucciones eran amables y claras, lo que lo convierte en una experiencia muy cómoda para un niño.
Este lugar ofrece más que una simple actividad artesanal.
Da a los niños confianza y alegría para crear, y a las familias momentos significativos para compartir y recordar.
Anteriormente nos habíamos unido a un taller de lámparas de mosaico aquí como familia, y esa maravillosa experiencia es lo que nos hizo querer volver.
Recomendamos encarecidamente este taller a cualquiera que visite Estambul y que esté buscando una experiencia especial y familiar.